El que no haya aprovechado un viaje al extranjero para morir, aunque sea una vez, seguramente estará arrepentido. Y, es bueno ir aceptando, con el tiempo, que para los viajes de inmersión, uno tiene que tener una cuota en donde poner las anécdotas ‘que nunca le contaría a mis padres’.
Claro que hay personas que no saben poner límites. Debemos recordar que los viajes lingüísticos son para estudiar un idioma, una salida hasta tarde un día, despertarte otro día sin recordar cómo llegaste a la residencia de estudiantes, son anécdotas divertidas (siempre y cuando no te hayan asalto claro).
En los viajes de idiomas, hay dos extremos que, aunque no parezca, son difíciles de no evitar por el miedo que generan las consecuencias. Uno de los extremos es el del tipo o tipa, obsesionado con las clases, que solo asiste a las lecciones, luego se la pasa estudiando y asiste solo a los paseos grupales. Es decir, un estudiante adicto.
El otro extremo, creo que es el más conocido y también en el que es más fácil terminar es, transformar el viaje de idiomas en una versión de ‘Dónde está mi auto’ mezclada con ‘La venganza de los nerds’ y Kelso y Fez de That 70’s show. Es decir, hacer de tu momento de estudios una fiesta de la cual, no solo no saldrás bien parado sino de donde probablemente no salgas conociendo más el idioma sino conociéndote menos a ti mismo.
Y, créanme que es fácil caer en la tentación de la fiesta eterna a pesar de estar en Londres o Nueva York, solo basta con encontrarte gente que hable tu idioma, para que la nostalgia por el terruño se convierta en un ‘vamos a divertirnos’. El otro resultado es, como decía antes, aislarse de todo el mundo y vivir solo en la residencia.
Como decía también, es importante saber balancear nuestros estudios en el extranjero. Aprender un idioma en Londres, por ejemplo, no significa que solo estemos ahí para hacer eso. Pero tampoco implica que vaya a salir todas las noches a ligar con inglesitas ingenuas. Si hemos viajado ha sido para aprender una lengua, conocer la cultura que habla esta lengua y una ciudad distinta que nos ofrece muchas oportunidades.
Pero cuando uno aprovecha mal las posibilidades que te ofrece el viaje de inmersión, entonces el resultado serán cosas como: ‘uno no aprende nada cuando se va de viaje, al final es lo mismo irse por su cuenta, gasté demasiado para terminar sabiendo nada’ y un sinfín de frases por el estilo que son consecuencia de la irresponsabilidad personal.
Divertirse siempre es permitido, y cuando uno está de viaje y goza de tanta independencia, se dará cuenta que la diversión no significa solo hacer cosas locas, beber hasta las cuatro de la mañana cuando dentro de tres horas hay clases. Conocer a otras personas (que no es lo mismo que ligar) y conocer, en general, un universo diferente, es de por sí, divertido.
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